11/10/2021 Patronato del Alcázar de Segovia

La Ciencia vence

Con motivo del Día Mundial de la Ciencia, el Patronato del Alcázar ha llevado a cabo visitas guiadas temáticas al museo del Real Colegio de Artillería y a la Casa de la Química.

Vista general de las salas del museo del Real Colegio de Artillería

Esta mañana han tenido lugar, por primera vez, las visitas temáticas La Ciencia vence, organizadas con motivo del Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo. Dichas visitas suponen la contribución del Patronato del Alcázar al programa Jornadas de Ciencia en Segovia, promovido por la concejalía de Turismo del Ayuntamiento de la ciudad.

Los guías del Alcázar han explicado a los asistentes a estas visitas especiales la estrecha relación entre el Alcázar, el Real Colegio de Artillería y el pensamiento científico. Los grupos han realizado un recorrido por las salas del museo del Real Colegio de Artillería, que recuerda el periodo comprendido entre 1764 y 1862, cuando el Alcázar se convirtió en sede del primer centro docente militar moderno de España. Las visitas han finalizado en la Casa de la Química, edificio construido según trazas de Sabatini con el patrocinio de la Corona, y que albergó uno de los grandes laboratorios científicos de la Europa ilustrada.

 El Alcázar y la Ciencia

Con la creación del Real Colegio de Artillería, el Alcázar se convirtió en una moderna academia militar y un centro de investigación puntero en Europa en el Siglo de las Luces. La fortaleza, su laboratorio de Química, su gabinete de Ciencias Naturales y su impresionante biblioteca tuvieron un papel primordial en las actividades científicas, tecnológicas y militares españolas durante una centuria.

Desde aquel Colegio, a través de la formación de caballeros cadetes, se garantizó no solo la operatividad de la artillería en campaña, sino la eficacia en la dirección de las fábricas de material bélico así como la innovación en estos centros que tradicionalmente estaban dirigidas por artilleros. Precisamente, la formación que recibieron aquellos alumnos del Alcázar, que fue calificada por algunos autores como “de élite”, hizo que la proyección de los artilleros españoles trascendiera mucho más allá del ámbito puramente castrense, destacando en otros campos del saber científico y humanístico.

Para valorar el papel que desempeñó el Real Colegio de Artillería, es necesario recordar los logros de aquellos que estuvieron a cargo del centro en su etapa fundacional, cuyo trabajo y capacidad de innovación dotó de prestigio al centro. En consecuencia, hay que destacar la experiencia que tenían personajes de ascendencia italiana como Esquilache y Gazola, que llegaron a España por iniciativa de Carlos III, y la vocación científica y empírica del jesuita Eximeno, primer jefe de estudios. Posteriormente, los que relevaron a aquel primer cuerpo docente -con el Conde de Lacy al frente y excepcionales profesores de la talla de Giannini, Dátoli, Morla y Louis Proust- consolidaron la labor académica del centro y profundizaron en los estudios científicos a través de su vertiente más experimental.

El museo del Real Colegio de Artillería, que ocupa tres salas del Alcázar, permite al visitante establecer una toma de contacto con el modelo de academia militar propio de la Ilustración y, a la vez, hacer incursiones en la historia de la tecnología y de la ciencia en España, materias tan importantes como desconocidas y poco difundidas. Desde la primera a la última sala del Museo está presente el espíritu científico del ilustrado Real Colegio.

La Casa de la Química

Constituye uno de los edificios más desconocidos, al tiempo que menos estimado, dentro del conjunto monumental de la ciudad, algo injusto, aunque no extraño, toda vez que se trata de una rara avis clasicista, en un conjunto monumental predominantemente medieval. Sin embargo, se trata de un edificio que, a su singularidad arquitectónica, con trazas dadas por Sabatini, viene a sumar un excepcional valor histórico en su condición de centro cultural y científico en una etapa singular de la historia de la ciudad. El laboratorio fue inaugurado por Louis Proust en 1792, sobre el solar que otrora ocupara el claustro de la antigua catedral.

La dotación de medios para la enseñanza de Química en aquel laboratorio fue excepcional, hasta tal punto que Proust, en su discurso inaugural, lo definió como “el mejor laboratorio de Europa”, poniendo el acento en la gran importancia que adquirirían los trabajos experimentales que allí se llevarían a cabo y que derivarían, entre otros éxitos, en la formulación de la Ley de las Proporciones Definidas o Ley de Proust, que años después Lavoisier emplearía como base para establecer los principios elementales de la Química moderna.

Asimismo, la Casa de la Química acogió uno de los mejores gabinetes de Ciencias Naturales de la época, magníficamente dotado gracias a la adquisición, en 1817, de la colección mineralógica del gran naturalista Casimiro Gómez Ortega.