8 febrero, 2018 Patronato del Alcázar

Las alcaldesas de Zamarramala “avisan” de la fiesta al Alcaide del Alcázar

Las hermanas Esther y Elena de Andrés, alcaldesas de Zamarramala, con El Coronel Alcaide del Patronato del Alcázar, Ilmo. Sr. D. José María Martínez Ferrer

Hoy jueves 8 de febrero después de que la alcaldesa de la ciudad entregara el bastón de mando a las dos alcaldesas, las hermanas Esther y Elena de Andrés, ataviadas con el traje de “avisar” han visitado a las autoridades de la ciudad.

El Coronel Alcaide del Patronato del Alcázar, Ilmo. Sr. D. José María Martínez Ferrer, ha recibido a las alcaldesas en la Academia de Artillería y ha estado conversando con ellas sobre la tradición de la fiesta, que data desde 1227, del enorme orgullo que es mantenerla viva y de la alegría que es poder transmitir este legado de madres a hijas.

En Zamarramala el domingo día 11 será la fiesta grande. Al comienzo tendrá lugar la procesión, el juego de banderas y escolta de alabardas, que fueron arrebatadas a los sarracenos en la reconquista del Alcázar.

El pregón de fiestas será pronunciado por el periodista Javier Pérez Andrés y tras sus palabras comenzará la quema del pelele, un muñeco de paja al que se rocía con gasolina y que simboliza las malas conductas.

Durante el acto, también se entregan los nombramientos de Águedas Honorarias y perpetuas a las esposas del General Presidente del Patronato del Alcázar, María Dolores García Benito, y del Coronel Alcaide, Doña Yolanda Fernández Foruny; a la concejala de Deportes, María Ángeles Rueda; a la portavoz del PP, Raquel Fernández y a la periodista Esther Maganto.

La leyenda

Cuenta la leyenda que, hallándose Segovia bajo dominio musulmán, en la víspera de un 5 de febrero, festividad de Santa Águeda, las mujeres de casadas de Zamarramala decidieron vestirse con sus mejores ropajes y distraer a los moros que estaban en el Alcázar para así poder reconquistarlo.

Desde el Alcázar, los moros se acercaron a contemplarlas y fueron abandonado sus puestos de guardia. Mientras los invasores estaban tan embelesados que no se daban cuenta de nada, ellas entonaron una copla para los mozos que ya esperaban encaramados en los muros del Alcázar entraran a reconquistarlo.

A partir de entonces, el Alcázar volvió a manos de Alfonso VI, y las zamarriegas y el Alcázar quedaron unidos para siempre y las mujeres de este pequeño pueblo, ya barrio de Segovia, empuñan la vara de alcaldesa, una vez al año.